El Semáforo de la Vida

Desafortunadamente, un amigo muy cercano perdió a una persona muy querida el fin de semana pasado.


Al acompañarlo, me llamó la atención escuchar que alguien decía: “Cuando alguien cercano a nosotros muere, es como un semáforo, que de verde pasa a amarillo para indicarnos que podemos seguir nosotros”.

Todos hemos escuchado o leído una historia de alguien que amenazado por una enfermedad terrible, justo en ese momento decide renunciar a su trabajo y recorrer el mundo o hacer lo que ama. También es común conocer a alguna persona que tras un diagnóstico se impulsó para reconciliarse con alguien o acercarse a su familia.


Poco después, me crucé con una historia de esas porque alguien la compartió en Facebook y la vi en mi newsfeed, se trataba de la historia de Andy Lyon, también conocido como “Astro”. Andy era un joven estadounidense que tras ser diagnosticado con cáncer terminal, decidió vivir el tiempo que pudiera quedarle tal y como quería, comiendo y haciendo lo que realmente deseaba hacer, viviendo plenamente tanto como pudo. Tomó su mochila y recorrió kilómetros y kilómetros a pie, conoció y disfrutó.

Su historia nos deja pensando, sin lugar a dudas, historias de éste tipo nos conmueven (y nos mueven), pero hay algo que siempre me ha costado trabajo entender y que me parece una de las paradojas más grandes:


¿Por qué tenemos que vivir algo así de intenso para replantearnos cosas?


¿Por qué necesitamos un evento así para realmente pensar en nuestra vida y en lo que estamos haciendo cada día?


¿Por qué tiene que pasar algo que nos sacude para que pensemos en nuestra muerte?


No se trata de vivir temiendo que moriremos en todo momento, pero creo que sí podemos esforzarnos y vivir plenamente cuando estamos consciente de ello. Como decimos cuando invitamos a decidir qué cuidados desea alguien, cuáles no y a comunicar sus decisiones, el mejor momento para hacerlo es HOY.

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