Cuando alguien muere, se quedará en nosotros siempre

¿Has perdido a alguien y para después tener que enfrentarte a ese sentimiento de vacío, de extrañar a esa persona y sentir que todo lo que pasó podría estarle pasando a alguien más porque no te sientes tú mismo?


Es algo que la mayoría de las personas hemos sentido en algún punto de nuestras vidas, pero de lo que no hablamos. Cuando no estamos preparados y no hemos hablado del tema, suelen pasar varias cosas: ya sea que nos quedamos en un espiral de duelo que parece interminable y vuelve al dolor como algo que forma parte natural (y descontrolada) de nuestros días, nos hacemos los fuertes o los valientes, estamos en negación y nos preguntamos en alguno de estos casos o en la combinación de algunos de ellos por qué a nosotros.


Para terminar de agravar la situación, llega la frustración que nos causa el darnos cuenta de que no podemos hacer nada para evitar que esa persona que murió ya no podrá darnos un abrazo, no podremos verla sonreír ni escuchar su voz.

abrazo

En lo personal, he llamado al teléfono de una persona que murió y que quiero mucho sabiendo que no me va a contestar, lo cual me duele, pero la extraño y lo he hecho para oír su voz grabada en el mensaje de bienvenida del buzón de voz.


¿Por qué estamos tan poco preparados para aceptar la muerte, siendo que es lo único que tenemos seguro?


Nos enojamos, sentimos tristeza, enojo de nuevo, una combinación, luego tenemos algún o algunos días buenos y otra vez, ya que habíamos bajado la guardia, parece que retrocedemos en las etapas del duelo.


luz

La luz que finalmente iluminará nuestro camino en una etapa oscura e impredecible, aparece cuando aceptamos que esa persona a la que tanto queríamos ya no está y no va a volver, que la pérdida va a ser parte de cómo afrentemos la vida a partir de éste momento pero no tiene porqué anclarnos ni detenernos y sobre todo, cuando realmente sentimos que esa persona ya no está con nosotros pero está en nosotros; que los recuerdos que vivimos juntos, los consejos, las palabras (o la falta de ellas) y cada momento, son tesoros que nos acercan igual o más que cuando estábamos físicamente en el mismo plano.


Si una persona fue (y es) especial, ese lugar no se pierde porque haya muerto y se va a manifestar en nuestra vida cada que la recordemos, cada que la pensemos y cada que podamos llenar nuestra mente con su presencia, con su voz y saber qué nos diría en ese momento en el que tanta falta nos hacen sus palabras.


Cuando más extrañamos a una persona, siempre habrá una manera en la que logrará que la “sintamos” y luego, al sentirla en nuestra vida, nos llenará de esperanza, nos reconfortará y pondrá una sonrisa en nuestro rostro al confirmarnos que hay vínculos que el tiempo y el espacio, la ausencia y la presencia, no disuelven ni rompen, que siempre estaremos conectados.


Seguramente hay expectativas que no se cumplieron, palabras que no dijimos o no escuchamos, un perdón que pedir o que dar y muchos momentos que nos hubiera encantado compartir, pero debemos recordar que seguramente actuamos lo mejor que pudimos con la información y los sentimientos que teníamos en ese momento y que si nada de lo que hicimos fue con una mala intención, el recordar a esa persona desde lo positivo, nos permitirá llevar el proceso de mejor manera.


Lo que sentimos por esa persona los mantendrá vivos para siempre y el abrazo que añoramos nos lo dan cada que haga falta, sólo que ahora lo sentiremos desde nuestro interior.


Si te gustaría saber cómo puedes resolver un duelo, déjanos tus datos y te compartiremos más información sobre cómo hacerlo con las herramientas adecuadas.

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